Plan de reconversión de la Conservación

La Política de Conservación de la Naturaleza lleva años sufriendo recortes presupuestarios. Este Plan pretende que esa muerte por inanición no acabe con los esfuerzos y logros acumulados en los últimos 50 años y que el próximo recorte no se produzca de nuevo en silencio, a cambio de nada, sin un plan alternativo. Los recortes en las partidas presupuetarias destinadas a la naturaleza y a la ganadería no rentable pueden y deben hacerse, pero si reinventamos el concepto de conservación y de gestión del medio rural deficitario.

En 1969 se enfrentaron dos modelos de conservación de la naturaleza, opuestos, derivados de las mentalidades de sus promotores:

  • Uno, encarnado por un funcionario, el profesor Valverde, que prevaleció, cargando al Presupuesto General del Estado la conservación del primer espacio natural protegido, Doñana, luego copiado más de un millar de veces por todos los que quisieron y lograron repetir el esquema de Valverde.
  • Otro, impulsado por un autónomo, Félix Rodríguez de la Fuente, que se financiaba –tanto su labor de comunicación, mucho más eficaz para cambiar las mentes que mil letreros prohibiendo, y la creación de reservas, como la de Montejo, gestionada con la ONG WWF– con lo que pagaban por sus productos de comunicación sus lectores y seguidores, así como los que daban su cuota para sostener su labor militante en ADENA, complementada con generosas aportaciones de muchas empresas, en las que despertó las primeras manifestaciones de la Responsabilidad Civil Corporativa (RSC).

La muerte de FRF en 1980 hizo que en la transición a la democracia solo prosperara la escuela de Valverde, continuada por sus sucesores, Castroviejo, Delibes, Ferrer e Hiraldo, y secundada por los herederos de Bernis, que basaron la conservación en crear espacios protegidos a cargo del Estado, con su director, técnicos, investigadores, oficinas, centros de recepción, PORN’s, PRUG’s, coches, casas forestales, letreros, pasarelas y caminos y zonas reservadas …solo a ellos. Una evolución perversa que impide hoy a los conservacionistas de a pie conservar y vigilar mientras que el Estado intenta hacer esa labor con funcionarios, no militantes, que cuestan un dineral al contribuyente.

Sin renunciar al justo pago, a cargo de los presupuestos generales, de los servicios ambientales de interés general que se puedan prestar por los conservacionistas de a pie, la conservación de la naturaleza alcanzará su objetivo cuando sea un tejido humano que habite el medio rural integrado y respetuoso con la naturaleza, y porque sus intereses dependan de ofrecer a la sociedad acciones de conservación con resultados positivos y fehacientes. Este plan pretende instaurar en el medio rural/natural ese tejido productivo.